El contrato psicológico y sus consecuencias en las relaciones

El contrato psicológico y sus consecuencias en las relaciones

El siguiente Post va dirigido a cualquier persona que quiera mejorar sus relaciones, ya sea de pareja, familiar o su relación en la organización en cualquier nivel.  Lo que contiene es:

– Explicar el fenómeno de contrato psicológico en la comunicación.
– Alertar sobre sus consecuencias corrosivas.
– Brindar herramientas para acortar la brecha que el fenómeno produce.

¿Qué es el contrato psicológico?

Es un fenómeno que se da en las relaciones en el cual se genera en cada persona una especie de contrato (o expectativas sobre la otra parte) que se entienden como asumidas por la otra persona pese a que nunca se comprometieron expresamente a eso que la otra parte espera.

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Por ejemplo:

–        Puedo dar por asumido (Y por lo tanto tener la expectativa como si fuera un contrato) que mi empleado se va a quedar horas extras para avanzar en sus tareas sin necesidad de que se lo pida porque se “entiende que la empresa lo necesita”(de acuerdo al contrato psicológico o tácito que yo tengo).

–        Puedo dar por asumido que mi pareja me va a llamar todos los días porque “esa es la manera de demostrar amor”. (de acuerdo al contrato psicológico o tácito que yo tengo).

¿Qué Consecuencias tiene en las relaciones?

Los resultados de este fenómeno suelen ser muy negativos, obviamente al darnos cuenta de que la otra parte no cumple las expectativas generadas por nosotros mismos. Es un contrato que damos por hecho cuando la otra parte nunca acepto y ni si quiera sabe que esté contrato existe en nuestra conversación privada. Algunas de las consecuencias suelen ser:

–        Deterioro en la comunicación.

–        Reproches

–        Quejas

–        Resentimiento

–        Pérdida de confianza en la relación (ya sea grupal o individual).

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Les dejo aquí un fragmento del libro de Charles Handy “la organización por dentro” que describe muy bien esta situación en su cotidianeidad.

“Mi tarea principal, tal como yo lo veía, era llevar dinero a casa. Considerándolo retrospectivamente, me asombra que yo asumiera tan fácilmente que esto significaba que tenía un derecho incuestionable a utilizar el coche de la familia para ir al trabajo, dejando que mi joven esposa llevara a dos niños pequeños a la escuela en su bicicleta. No sentía remordimiento por dejar el hogar a las 7,30 de la mañana antes de que los niños se hubieran levantado y volver a las 8 de la noche cuando ya estaban lavados, alimentados y acostados.
Mi esposa me dice ahora que aquellos años en los que ella crio a los niños y de mi adicción al trabajo fueron los peores de nuestras vidas y sin embargo nunca puse siquiera en duda o discutí con ella el contrato implícito de colaboración de nuestro matrimonio. […] Recuerdo haberme sentido orgulloso de que mi mujer fuera una diseñadora de interiores independiente, pero en lo más profundo de mi corazón yo todavía esperaba que cuidara de nuestros hijos, llevara la casa y tuviera preparada la cena a mi regreso.
Un día volví a las ocho de la noche y me encontré con las cosas del desayuno todavía en la mesa, las camas sin hacer y las cortinas sin descorrer. Exploté de indignación ante aquel desorden. Es la clase de comportamiento que me señalaría hoy como un varón machista incapaz de aceptar los cambios sociales. Era, sin embargo, el único signo exterior de un contrato tácito y por consiguiente mal comprendido entre mi mujer y yo. […] Cada persona tiene su propio contrato tácito, no es legal ni formal sino psicológico. Los efectos son sin embargo los mismos que si fueran por escrito y firmado. Nos sentimos engañados si la otra persona no cumple lo promedio, buscamos algún quid a cambio de nuestro quid y nos echaremos atrás por nuestra parte si la otra persona no está disponible. El problema de estos contratos es que las personas rara vez se sientan a elaborarlos como si se tratara de contratos legales. Hacen sus propias suposiciones acerca de las diferentes clausulas y esperan que la otra parte haya hecho las mismas suposiciones en su versión o simplemente confían en ello…”

“Cuanto mas posible es conseguir que estos contratos se celebren con menor secreto mas fácil es trabajar con la gente”

Como señala Handy, estos contratos psicológicos o tacitos tienen consecuencias en toda relacion, ya sea entre parejas, entre padres e hijos y también en forma aún más compleja en organizaciones.

¿Cómo Resolver la brecha que genera el contrato psicológico?

Verificando inquietudes: Es decir indagando sobre las expectativas y deseos de la otra parte en cuanto a la relación (por ejemplo en una pareja: que expectivas tiene sobre los hijos, sobre el trabajo, sobre la vivienda, sobres los roles en la relación, etc; en lo laboral: que expectativas tiene el empleado de la empresa, que cosas espera el empleador del empleado que no están escritas en el contrato formal, que se espera del ambiente laboral, del sueldo, etc).
Verificando lo que significan ciertas palabras: Un error grave en la comunicación es suponer que una palabra tiene el mismo sentido para mi que para la otra parte. En una relacion por ejemplo al indagar sobre las expectativas puede surgir que la otra persona diga “quiero que me demuestres amor” y estemos de acuerdo con eso. Pero al correr el tiempo vemos que existe una diferencia muy grande entre lo que yo y la otra parte consideramos como “demostrar amor”. La indagación aquí es clave, es decir preguntar a la otra parte “¿Cómo es para vos que te demuestren amor? ¿haciendo específicamente que cosas?”. En el caso de Handy, para el su forma de demostrar amor era llevando comida para la casa y trabajando todo el dia, evidentemente para su mujer No.
Haciendo pedidos: Pedir es una distinción importantísima para las relaciones. A través de los pedidos logramos cosas que no nos hubiesen sido posible por nuestros propios medios. Hay un autor cuyo nombre no recuerdo al que le preguntaron cuál era el secreto del éxito y el respondió “to ask” (en Ingles se utiliza para referirse a “preguntar” y a “pedir”).
Haciendo Ofertas: Al detectar las necesidades de la otra parte también nosotros podemos agregar valor y por lo tanto podemos hacer ofertas.

Con las ofertas (si la otra persona acepta) nos comprometemos a dar satisfacción a una necesidad que la otra persona puede tener y esto nos acerca en las inquietudes individuales.

Aclaración importante:
Al realizar los ejercicios tenemos que tener en cuenta nuestra propia expectativa sobre el ejercicio en si. Por ejemplo si vamos a hacer un pedido a veces ocurre que vamos esperando un “si” de respuesta (al igual que en la oferta) y si la respuesta es “no” cuesta aceptarla y comenzamos con cuestionamientos.

Es necesario recordar que el contrato es un acuerdo entre dos partes (minimamente), por lo tanto es de esperar que la otra parte no acepte ciertas cosas de lo se propone. De hecho es muy valioso escuchar el “no” de la otra parte ya que nos está mostrando la legitimidad de su ser al que debemos aceptar como tal.

Por ultimo les dejo un ejercicio del libro “la organizacion por dentro” de Handy para reducir esta brecha en organizaciones:
1. Empiece por usted mismo. Prepare una lista de:

a) Lo que le da a la relacion o a la organización en que esta usted por ejemplo:
– tiempo y dinero
– deberes y responsabilidades
– ventas y objetivos

b) Lo que usted obtiene en relacion o de la organización, por ejemplo:
– Dinero
– Seguridad
– Oportunidad
– Compañerismo

c) ¿Qué se necesita para hacer que el contrato sea mas equilibrado o interesante?.

2) Pida a su socio, colega o jefe que haga lo mismo y que compare la lista con usted.

3) Utilice la idea de contrato para cambiar impresiones con cualquier grupo de trabajo al que usted pertenezca sobre las aportaciones hechas por o que se esperan de cada miembro del grupo y lo que ellos consideran que obtienen o deben obtener a cambio.

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